Leer y escribir en cualquier medio nunca vuelve a ser lo mismo tras conocer el trabajo de Lori Emerson en el Media Archaeology Lab (MAL) o después de leer su libro publicado este año Reading Writing Interfaces. En diálogo con las teorías de medios de Marshall McLuhan, Friedrich Kittler, Wolfgang Ernst y Siegfried Zielinsky entre otros, el trabajo de Emerson sostiene que la materialidad y las características de las máquinas que utilizamos para leerescribir (readingwriting—una sola palabra) importan independientemente de lo que hagamos con ellas. Esta visión, que en sus palabras es un pensamiento humanista antihumanista, propone que estamos determinados por las interfaces de lecturaescritura debido a sus potencialidades, y si se pone un poco de atención a nuestras preferencias y prácticas de medios—qué preferimos leer en papel, qué no nos gusta decir por correo electrónico, y por qué ciertas páginas en blanco son tan imponentes y otras no—es difícil no estar de acuerdo. Las interfaces nos imponen condiciones creativas y entender cómo funcionan o bien probar varias de ellas nos deja ver de qué manera lo hacen. Detrás de esas preferencias, no obstante, reina una (o varias distintas) ideología(s): que hay interfaces más intuitivas, más eficientes, más rápidas, más user-friendly; en una palabra, mejores. Esto detona una serie de preguntas: ¿Mejores para qué? ¿Más intuitivas según la intuición de quién? ¿Más eficientes bajo qué modelo ético/discursivo/pedagógico/creativo/laboral? ¿En comparación con qué otras interfaces?

Asumo entonces que la escritura que hago de esta relatoría—letra por letra o palabra por palabra, sentada junto a la ventana en el vuelo de United Airlines DF-Chicago en una MacBook Pro, usando Scrivener y sin conexión a Internet—incorpora un set de condiciones que determinan su estructura, su emotividad, las cosas que dejo en blanco para investigar cuando esté en línea, tal vez algunas elecciones léxicas, pero no sé exactamente de qué forma porque, debo admitir, no sé con certeza cómo opera la laptop y, aunque me siento más cómoda escribiendo en Scrivener que en Microsoft Word por su look y lo que hace a nivel de la pantalla (como la columna ‘Binder’, que divide en pequeños pedazos el texto que escribo), no sé exactamente cómo funciona en su interior. Me encuentro, como muchos de nosotros, distanciada de las entrañas operativas de los dispositivos que utilizo todo el tiempo y que tienen una presencia ubicua al punto que se me olvida que existen. En última instancia, aunque es de importancia vital, tampoco sé cómo es que el avión se mantiene en el aire. Y en última-última instancia ustedes están leyendo esto en otra interfaz.

El pasado 30 de octubre tuvimos el gusto de conversar con Lori Emerson profesora del Departamento de Inglés de la Universidad de Colorado en Boulder. La charla reunió por primera vez de manera relativamente formal a miembros de la Red de Humanidades Digitales, el Seminario de Tecnologías Filosóficas, el Instituto de Investigaciones Bibliográficas y lleom—un puñado de grupos interesados en temas digitales, bibliográficos, materiales, literarios y filosóficos que con frecuencia se encuentra de manera casual, se conoce bien, pero que hasta ahora no había coincidido deliberadamente. A partir de una serie de eventos que tuvieron lugar a lo largo del mes de octubre, las conexiones entre intereses variados como preservación y conservación, catalogación, la filosofía de la tecnología y la materialidad creativa se hicieron más evidentes y, aunque a veces parecerían estar desperdigados, convergieron en la gran gama de temas que el trabajo de Emerson toca: arqueología de medios, la ideología progresista de la tecnología, la catalogación, preservación y utilización de objetos del pasado, los mundos posibles que sugieren tecnologías ahora consideradas obsoletas, nuestra relación con interfaces de lecturaescritura, la poética de medios y las potencialidades creativas y estéticas de distintos dispositivos.

Lori Emerson

Durante la charla, Lori Emerson relató los orígenes del MAL como un intento personal por recuperar las especificidades concretas de la obra del poeta experimental canadiense bpNichol, “First Screening” (1983): el montaje de la lectura que implica insertar el disco floppy en la Apple IIe y hacer que el programa corra, así como la velocidad con la que las palabras se mueven en la pantalla, la textura de los caracteres, las propias dimensiones del monitor y el sonido del procesador de la computadora—todas ellas perdidas hasta cierto punto en las versiones de emulador, de Javascript o de Quicktime que podemos ver en nuestras máquinas contemporáneas, uno de ellos vuelto video de Youtube (insertado aquí abajo). A partir de este trabajo, Emerson ha llegado a proponer formas en las que el aparato––las condiciones materiales del ambiente creativo afectan la lecturaescritura.

[Audio: Sobre los comienzos del Media Archaeology Lab]

[Audio: Sobre bpNichol y orígenes del MAL]

El MAL, aclaró Emerson, no es un museo de medios muertos. Si bien muchos de los dispositivos encontrados ahí tienen un aura que parecería hacerlos intocables, todos ellos se encuentran en funcionamiento y están ahí para que los visitantes del laboratorio los utilicen, manipulen, jueguen y creen con ellos, incluso cuando eso implica que cada vez envejezcan más las máquinas y otros dispositivos hasta el punto en que finalmente dejen de funcionar. Esta aproximación a la colección del MAL ha permitido a Emerson desfamiliarizar el uso ideológico de las tecnologías contemporáneas comúnmente asumidas como mejores bajo el supuesto de que constituyen una progresión de medios que fueron superados y dejados atrás—cuando en realidad estos procesos obedecen a muchos otros intereses. Teóricamente la investigación que genera el MAL pone de manifiesto la superficialidad de la lecturaescritura—determinada por una serie de encriptamientos y desciframientos mecánicos (también creativos) y que supone varias capas de codificación y decodificación. La enseñanza de Emerson a partir de los acervos del laboratorio ha producido proyectos estudiantiles que problematizan una variedad de potencialidades de los medios y sus prácticas a partir de ellos, algunos se pueden ver aquí.

[Audio: Qué es el MAL. Intereses y alcances generales]

KPara dar una idea del espectro de estudios que se pueden realizar en el MAL, Emerson mostró varios de los dispositivos que mantiene. Uno de ellos fue una Osborne 1 igual a la que utilizó Ralph Ellison para escribir su novela Juneteenth. La relevancia de esta computadora en particular para teorizar sobre la novela de Ellison reside en su pequeña pantalla y en cómo esta puede haber influido en la estructura y longitud de los párrafos que ahora leemos impresos. En otro orden de medios, el caso de Ellison recuerda también cómo Jack Kerouac hizo depender sus iniciativas de escritura de una máquina de escribir que tuviera un papel que no terminara, o cómo el cut y paste como técnica le vino de las exploraciones en estudios de radio o jugando con máquinas reproductoras de sonido. Otros dispositivos mostrados por Emerson fueron dos Silicon Graphics INDY—una genérica y con un pasado desconocido y otra que perteneció a Wolfgang Staehle y que contiene los archivos del BBS The Thing. Estas dos máquinas ponen de manifiesto un asunto que es todavía muy problemático: la importancia de los archivos digitales, su delicada conservación, su estatus como registros de la historia cultural reciente y su decisiva materialidad anclada a una máquina susceptible al envejecimiento y la obsolescencia.

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Ante la pregunta “¿qué se hace en un laboratorio de medios?”, Emerson explicó que además de hacer que sus alumnos de letras escriban programas de computadora por primera vez, también ponen sus hipótesis a prueba. Una de ellas es si alguno de los aparatos que viven en el MAL y que dejaron de ser producidos hace veinte años o más ofrecían mejores potencialidades que los que actualmente utilizamos. Un ejemplo mencionado por Emerson es el Vectrex que con AnimAction permitía crear animaciones sencillamente por medio de un light pen muy a diferencia de Flash o html5 que son mucho más complejos de aprender y utilizar de manera generalizada. El MAL, además, condensa una serie de paradojas, la más fascinante es la obsolescencia apresurada de los aparatos más nuevos en comparación con los más antiguos como la aparentemente inaccesible Altair 8800b de 1976 y, aún más, la linterna mágica de 1907, ambos en estado perfectamente funcional.

 

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[Audio: Sentido del término laboratorio como modo de entender dinámicas de trabajo]

 

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A lo largo de la charla, Emerson insistió en la relación conflictiva, tensa ofriccionada de su trabajo que sobrepone el pasado materializado por las máquinas que conserva y la forma en la que escribimos o leemos en el presente. No deja de llamar la atención que su libro está estructurado en orden cronológico inverso: de lo digital a lo libresco. En la misma línea, Emerson enfatizó la importancia de las fricciones teóricas y las presuposiciones que cada marco subdisciplinar trae a su trabajo desde, por ejemplo, la Arqueología de Medios, los Estudios de Medios, el Arte y la Literatura Digital, o las Humanidades Digitales. Esto sin duda también resuena con la gama de colaboradores que se han acercado a experimentar en el MAL y que ha devenido todo tipo de proyectos. Esta tensión que Emerson ha logrado incorporar a la visión y las prácticas del MAL implica que inevitablemente debido a que las máquinas tienenuna vida efímera, tarde o temprano el laboratorio—hasta ahora abierto al trabajo hands-on—en unos cuantos años quizá sí se convierta en un museo de medios muertos que sean apenas el rastro y la sugerencia sus potencialidades.

Uno de los aspectos más estimulantes del trabajo de Emerson en el MAL es cómo se ha convertido en un espacio que por sí mismo invita a la exploración y la experimentación y que despierta el interés, la curiosidad y la buena voluntad de investigadores, donadores, artistas y técnicos que donan su tiempo y esfuerzos en pos de exploraciones innovadoras y proyectos llenos de curiosidad y afectividad. Si bien este modo de trabajo voluntario es producto de una serie de problemáticas estructurales y disciplinarias que enfrentamos todos los que trabajamos en la academia—tanto en México, como en Estados Unidos, Canadá y, con seguridad, en muchos otros países—es también simbólico de la organicidad del deseo de conocer y pensar temas y objetos con los que nos involucramos constantemente. En el trabajo de Lori Emerson, en lo productivo y radicalmente innovador que ha sido, quiero ver no solamente una fuente de conocimiento e inspiración para repensar ideas recurrentes sobre lecturaescritura, sino también un pequeño reflejo del trabajo que hacen los grupos que nos reunimos esa tarde por la sencilla, e increíblemente compleja, razón de querer conversar.

Texto: Élika Ortega
@elikaortega
Comentarios al margen: lleom

Para escuchar más audios (inglés) de la charla con Lori Emerson accede a nuestro Archivo multimedia.

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La conversación con Lori Emerson fue organizada entre el Instituto de Investigaciones Bibliográficas, la Red de Humanistas Digitales y lleom.

*** Agradecemos a los organizadores de SIPAD, quienes gestionaron la visita de Lori Emerson a México y por ello pudo realizarse esta actividad satélite.

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