“Al día de hoy he decidido, temporalmente, dejar de crear nuevas piezas de e-literatura. Siento que las cuestiones que rodean a la creación artística con medios electrónicos son demasiado importantes como para ser ignoradas.” Después de décadas de trabajar con programación, código y poesía asistida por computadoras, Eugenio Tisselli (México, 1972) anuncia aquí una decisión que va más allá de una renuncia estratégica como creador y plantea su postura frente a un tema que poco a poco comienza a cobrar relevancia en el tiempo que vivimos: la necesidad de conocer la historia de los medios recientes, la naturaleza de la tecnología y su relación con el hombre, sus modos de fabricación y distribución. El trabajo de Tisselli ha dejado de enfocarse únicamente a la literatura y ha extendido sus alcances hacia la revisión de diversas prácticas culturales; allí, los objetos con los que nos relacionamos de forma cotidiana (una computadora, un teléfono móvil, una cámara de video, una máquina de impresión de papel) son entendidos como productos culturales cuyo origen y dinámicas de producción pocas veces conocemos a fondo.

Invitado por lleom a una charla con alumnos del seminario Materialidades y virtualidades del texto poético en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, Tisselli presentó un mapa de su trayectoria como creador, desde sus primeras producciones a través de construcción de software (véase, por ejemplo, el trabajo con el MIDIpoet), en el que la idea de autor se ve desplazada por las relaciones instrucciones-manifestaciones/causas-efectos/compositor-intérprete y a través del cual se genera una nueva posición: la del meta-autor; hasta las más recientes, con código abierto (por ejemplo, el proyecto PAC), en donde el trabajo del poeta está en el diálogo íntimo con la máquina.

A partir de trabajar con textos generados, asistidos y encontrados, en un ir y venir entre lo que programa y edita la persona y los resultados que ofrece la máquina (“¡¿en dónde está lo poético?!”, es una pregunta recurrente entre los espectadores), este diálogo lleva inevitablemente a una interrogante autorreferencial: cuál es, justamente, la naturaleza de tal diálogo; cuál es la naturaleza de tal relación. El poema no se queda en su forma: se extiende en sus causas, recuerda Tisselli las palabras de Timothy Morton, teórico que se ha dedicado a revisar las relaciones entre la ontología orientada a objetos y la crítica ecológica. Y allí es donde el trabajo con la e-literatura se abre, se extiende a la política, a la ética, a la noción de costos.

Lo que los objetos significan para una comunidad modifica su destino. Cómo se entienden, cómo se usan, cuáles son sus efectos, sus desvíos, su reuso tiene una relación directa con sus prácticas cotidianas. A esas reflexiones es donde Tisselli ha decidido llevar su trabajo, que busca formar parte directamente de tales prácticas. Megafone.net, por ejemplo, proyecto colectivo en el que colaboró desde 2003 y hasta 2010, se propone invitar a comunidades en riesgo de exclusión social a crear webcasts con registros multimedia de experiencias sobre un tema en acuerdo, y utilizar medios electrónicos de comunicación como “megáfonos digitales que amplifican la voz de personas y grupos a menudo ignorados por los medios de comunicación predominantes.” Desplazados y desmovilizados en Colombia, jóvenes refugiados saharauis en Argelia, taxistas de la ciudad de México y trabajadoras sexuales en Madrid son algunos de los grupos cuyo registro de voces está mediado por el uso alternativo de teléfonos móviles.

Ante una postura que intenta lidiar con la reflexión frente a las implicaciones éticas, económicas y ambientales del uso de objetos electrónicos, y sus vínculos con criterios estéticos y conceptuales, las preguntas, las contradicciones, las incógnitas son múltiples. Las respuestas no están dadas. Por el momento, como recupera también Vicente Luis Mora, una apuesta importante que puede dar luz sobre los criterios éticos y literarios de la producción de literatura digital es ir en contra de esa opacidad que caracteriza a los medios tecnologizados. La caja negra a la que alude Vilém Flusser. Contención crítica, dice Tisselli. Un freno que no es total, porque quizás no puede serlo. Antes de seguir, sin embargo, buscar entender desde dónde y hacia dónde nos movemos. Cómo son y cómo funcionan esos objetos con los que decimos. Qué hay detrás de la pantalla.

Texto: Cinthya García Leyva

Publicado por lleom el 20 de septiembre de 2013.

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