Plataformas de la imaginación: escenarios de la lectura electrónica México 2015 | La literatura más allá del libro


Por Dalia Valdez Garza
Instituto de Investigaciones Bibliográficas, UNAM

La lectura no es sólo una operación abstracta de intelección: es la puesta en marcha del cuerpo, la inscripción en un espacio, la relación consigo mismo y los demás.
Roger Chartier, El mundo como representación. Estudios sobre historia cultural

 

Las piezas que el proyecto Plataformas de la imaginación. Escenarios de la lectura electrónica México 2015 propuso a los espectadores, ofrecen la oportunidad de pensar en nuevas categorías de artefactos textuales ―como les llama D. F. McKenzie― que ya no corresponden al libro, ni siquiera al electrónico, así como otros parámetros para la creación y recepción de la literatura, además de apreciar las formas en que ésta se relaciona con otras artes y aprovecha la tecnología para hacerse escuchar, ver, tocar y, entre estas operaciones, también leer. Los recursos de la tecnología permiten que los autores vivan un momento revolucionario en cuanto a puntos de partida para la generación de textualidad, pues ahora puede pensarse más allá de los términos de una linealidad expresiva. Plataformas de la imaginación ha apostado por poner estas propuestas de arte híbridas ante un público de nativos digitales que con naturalidad interactúan con las piezas, pero también ante otro que, arraigado a la cultura impresa, no puede menos que extender su horizonte de lectura ante modos de textualidades renovadores. Ambos, no obstante, clara o implícitamente, en búsqueda de aquello que pueda detonar el goce estético, como es éste el caso, ante piezas capaces de disponer a una experiencia de lectura entre el mundo físico y el virtual.

El historiador del libro Roger Chartier advierte que se debe tener cuidado con el uso de términos usados desde hace siglos como autor, lector o editor, que son inestables debido a las realidades históricas que albergan. Para los estudiosos del libro y de la lectura es necesario entonces reflexionar acerca del uso de estos términos y de las prácticas que involucraron en cada época, con los aspectos estéticos, tecnológicos, políticos y económicos implicados en ellas, y así traer al presente elementos para su mayor comprensión. Incluso, antes de pensar sobre el futuro del libro es necesario explorar su presente.

Con Plataformas de la imaginación fue posible observar las piezas elegidas para las exposiciones con el pasado del libro en mente, así como considerar una literatura que expone su aspecto creativo no sólo en la escritura, sino en los nuevos modos de ponerla a disposición de los espectadores que facilitan los medios digitales. El solo hecho de hacer consciente que en muchas de las piezas subyace un código, hace pensar en las nuevas capacidades que requiere un autor de literatura electrónica, o bien las nuevas mediaciones que se establecen para apoyarlo, como el trabajo de ingenieros en programación, de especialistas en audio o diseñadores de interfaces. Y qué decir de la categoría de lector que podría en un momento dado estar en condiciones de implicarse ya no sólo como perceptor, sino como cocreador (coautor o reprogramador), en una operación de intervención gracias al modo de interacción que propone la obra, a la libertad de reconstrucción o de navegación —al tocar iconos en pantalla, botones y teclas—, o incluso comprender e intervenir en el código (lectoprogramador).

Uno de los aspectos que pudo ser de mayor interés para los asistentes a las exposiciones es que, a pesar de ser una muestra de literatura electrónica, aquello escasamente tenía que ver con el libro electrónico y la idea, me atrevo a decir, quizá todavía predominante del códex, independientemente de su reproductibilidad en pantalla, con su clásica morfología de páginas numeradas, índices, entre otros elementos. La realidad es que, por una parte, ante los medios de comunicación ha sido un tema de interés el aspecto de la evolución del libro desde su lado tecnológico, en una discusión enfocada en un aparentemente desplazamiento del formato impreso por el digital que no necesariamente implica una nueva morfología en el libro, independientemente del cambio de soporte. Se habla de aparición de dispositivos de distintas marcas en competencia que permiten el almacenamiento y la lectura de libros digitales que pueden incluir audio, imágenes en movimiento y nuevas posibilidades de interacción con el texto. En contraste, se dedica menos tiempo a la discusión sobre literatura, incluyendo la electrónica. De ahí que, a pesar de la información con la que los espectadores pudieran contar acerca de e-books, software para reproducirlos, formatos como ePub o PDF, o dispositivos para leerlos, con lo que se encontraron fue con la oportunidad de conocer, a través de piezas que lo ilustran, un tema distinto, la literatura electrónica, presentada, además, en formas distintas, en casi todos los casos, a la del libro códex, a través de pantallas de computadora, de televisión y iPads.

Con el trabajo de curaduría del laboratorio de literaturas extendidas y otras materialidades (lleom) en las tres exposiciones realizadas, se hizo explícito a los espectadores la variedad de materialidades con que actualmente la literatura puede ensayar, como muestra de una serie de posibilidades abiertas de creación, con toda una gama de recursos tecnológicos que, si bien cada vez nos son más familiares, no dejan de sorprendernos por el modo en que son aprovechados y la experiencia de percepción en la que nos sumergen, rebasando la experiencia de lectura tradicional para hacerla multisensorial. Estos trabajos creativos pueden incorporar palabras, voz y sonido, así como imágenes (fijas o en movimiento), videos y videojuegos. Algunos de ellos, en línea, se ubican en el espacio del internet, y otros más se identifican incluso con el llamado post-internet.

La incorporación de distintos medios en el ambiente digital permite ver hacia dónde discurre la literatura y sus productos, en este caso, híbridos. Es ésta una estética de textualidad dúctil, móvil, en sus dos dimensiones de lenguaje visible y codificado. Así, Plataformas de la imaginación propuso al espectador una muestra de la diversidad que puede encontrar en los productos de la literatura electrónica, con la oportunidad de integrar un repertorio que le servirá ahora como referencia y así pensarla más allá de los soportes, de su proveniencia geográfica o idioma. Se trata de una literatura que fusiona desde su concepción distintos medios, lenguajes y códigos —o bien, que hace prevalecer en algunos casos lo visual o lo auditivo como detonadores—, los cuales no se conciben como añadido al texto, sino como elementos integrales de la obra.

Cabe agregar en el sentido de las reflexiones desde la historia del libro, que si bien el modo tradicional de puesta en circulación de la literatura por la vía del libro requiere, como sabemos, de un editor, las piezas de literatura electrónica de Plataformas de la imaginación demandaron otro tipo de mediación para hacerla llegar a sus espectadores: la de la curaduría. Ambos, el editor y el curador, median entre el productor de la obra y sus posibles destinatarios al crear las condiciones para su coincidencia. El curador realiza una gestoría de contenidos y la concreción de una base conceptual y teórica sobre la cual agrupar un conjunto obras, en este caso, para el espacio del museo que es, como punto de partida para una muestra de literatura electrónica, una opción para su lectura comunitaria y su difusión masiva. De este modo se formularon tres núcleos curatoriales o trayectorias: “Literatura electrónica. Escenarios híbridos” en Universum-Museo de las Ciencias, “Selecciones como objetos” en el Centro de Cultura Digital y “Literatura electrónica. Política y cuerpo en el presente digital” en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco.

Gracias a Plataformas de la imaginación fue posible afirmarnos como espectadores en una realidad histórica en la que, independientemente de la tecnología, seguimos aspirando a la belleza de la palabra literaria y a la búsqueda de una estética en las formas en que se presenta. También permitió destacar que la literatura electrónica es capaz de formar nuevos espacios y prácticas de recepción y sociabilidad, de crear comunidades virtuales dispuestas a prolongar la experiencia de relación con las piezas y con sus autores a través de Internet; y finalmente constatar que, al llevarse al museo, la literatura ya no sólo se circunscribe a las bibliotecas y los estantes, al objeto libro, al códex o la página, sino que desde hace ya varias décadas tiene un encauce creativo con todo lo que la tecnología permite materializar.

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Para consultar el sitio web de Plataformas de la imaginación, da click en este enlace.

Para consultar nuestro archivo multimedia, con fotos y audios de lo ocurrido en Plataformas de la imaginación y otras actividades de lleom, da click aquí.

 

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